28 abril 2008

Jarre, el hombre que no envejece.


Jean Michel Jarre es un caso excepcional en la música electrónica, comenzó en los años ’70, popularizó un estilo musical del que muchos renegaban al considerar un tipo de música frío al estar realizado solamente con máquinas, se vanagloria de estar siempre en la vanguardia, por su estilo de música y por los instrumentos que utiliza, ha dado grandes y multitudinarios conciertos que en ha supuesto entrar en varias ocasiones en el libro guinnes, pero ahora, ya en pleno siglo XXI todo eso ha cambiado. A finales del pasado año 2007, Jean Michel Jarre ha comenzado una gira para promocionar su último trabajo, que es nada más y nada menos que el “Oxygene”, si, no es un error, Jarre ha reeditado 30 años después su primer trabajo publicado y ha dado un giro de 180º para reinterpretarse a si mismo. En esta gira, Jarre no actúa en grandes espacios al aire libre, no aprovecha los rascacielos de una ciudad para sus espectáculos visuales, no hace reivindicaciones políticas como en sus últimos conciertos, sino que actúa en pequeños lugares como auditorios, antes un número de personas mucho más reducido y acompañado de tres músicos y de su arsenal “analógico”, Jarre ha recuperado su viejo arsenal para mostrar como sigue sonando en pleno S. XXI los instrumentos electrónicos del Siglo pasado.



El Domingo día 27 de Abril, tuve la oportunidad de revivir la experiencia de ver a Jean Michel Jarre actuando en directo en el Coliseum de Oporto, 16 años después de haber disfrutado de esta experiencia en el “Monte do Gozo” en Santiago de Compostela, en su gira correspondiente al Chronologie. Han pasado 16 años, Jarre tiene ahora 59, pero este hombre sigue disfrutando encima de un escenario, esta gira no es ostentosa, solamente quiere mostrar lo que era la música electrónica en los años ’70, esos “cacharros” que producían sonidos “extraños”, que su configuración cambiaban de un escenario a otro por los cambios ambientales, pero que siguen sonando extraordinariamente bien y es que todos los amantes de la música electrónica disfrutamos con un escenario como el que nos muestra ahora el francés, lejos han quedado los mega escenarios, los fuegos de artificio, esa es otra manera de disfrutar del espectáculo, pero Jarre siempre se ha sabido mover con el tiempo, ahora estamos en una época donde lo pequeño, lo individual, las referencias a lo pasado, son muy efectivas y Jarre se aprovecha de la situación revindicando además, una idea de la ecología que él había plasmado perfectamente hace 30 años en la portada de su “Oxygene”.



Sobre el escenario, tres son los músicos que acompañan al francés, como el nos indica en la presentación, el trabajo fue grabado originalmente sobre ocho pistas, lo que significa que se necesitan ocho manos para poder reproducirlo sobre el escenario, digamos de paso, que ese es sobrio, solamente las “maquinas” y los hombres, en disposición para que estos puedan ejercer su dominio sobre las mismas. La iluminación es resultante, enfocando los lugares y en los momentos oportunos, una pantalla nos va mostrando algunas imágenes de la portada del disco, pero el gran logro de esta presentación es sin lugar a dudas el efecto espejo y es que en un momento de la actuación, un gran espejo pasa a formar parte del escenario, colgando sobre el mismo de tal manera, que los asistentes pueden ver reflejados sobre él la lucha del hombre y las máquinas para producir los sonidos que estamos escuchando, un gran efecto que nos ofrece una panorámica que de otra forma solo se puede observar en los vídeos de las grabaciones de los conciertos.


Casi hora y media de sonidos del siglo pasado interpretados por un hombre que siempre ha sido un abanderado de la vanguardia y que ahora en pleno Siglo XXI vuelve a sus orígenes, todo un espectáculo que los buenos seguidores de la música electrónica no deben de perderse.